La geometría sagrada estudia formas y proporciones que aparecen en la naturaleza y en el arte religioso de diversas culturas. Estas figuras, construidas con regla y compás, poseen propiedades matemáticas objetivas. Sobre esa base geométrica, cada tradición ha depositado significados simbólicos y contemplativos, que no derivan de la ciencia sino de su cosmovisión. A continuación se presentan algunos de los símbolos más recurrentes, junto con su construcción y las interpretaciones que históricamente se les han atribuido.
La Vesica Piscis
La Vesica Piscis se construye con dos círculos de igual radio, de modo que el centro de cada uno esté sobre la circunferencia del otro. Para ello, con un compás de abertura fija, se traza el primer círculo; luego se coloca el centro en un punto perimetral y se dibuja el segundo. La figura resultante tiene una altura igual al radio por √3 y su contorno limpio es la base de otras muchas construcciones.
En la tradición cristiana medieval se utilizó como mandorla que rodeaba a Cristo o a la Virgen, y en el ámbito neoplatónico simbolizó el nacimiento de la dualidad. En otras culturas, apareció en ornamentos y sellos como emblema del punto de encuentro entre cielos y tierra. Estas lecturas son interpretaciones culturales; geométricamente, la vesica piscis solo define una proporción exacta y armónica.

La Semilla y la Flor de la Vida
La Semilla de la Vida se genera a partir de la Vesica Piscis al trazar un tercer círculo, luego un cuarto y así sucesivamente, siempre con el mismo radio y con los centros sobre los vértices de un hexágono. Al completar siete círculos, aparece un patrón en red que evoca una semilla. Si se continúa el trazado sobre la malla hexagonal, el entramado de 19 círculos recibe el nombre de Flor de la Vida.
La Flor de la Vida contiene en su trazado proporciones armónicas que han sido estudiadas a lo largo de la historia. Algunos textos le atribuyen un valor generativo del universo, y se la encuentra en relieve en templos antiguos de varias regiones. Sin embargo, su presencia en una cultura concreta no implica que esa cultura conociera todas las propiedades posteriores que otros le asignan; conviene separar la geometría de la alegoría.
El Cubo de Metatrón y los sólidos platónicos
Para construir el Cubo de Metatrón se parte del trazado de la Flor de la Vida y se toman las trece circunferencias interiores del Fruto de la Vida. Al unir el centro de cada una de estas circunferencias con líneas rectas, surge una red de círculos y segmentos que proyecta, en dos dimensiones, los cinco poliedros regulares convexos: las formas tridimensionales con caras idénticas que la geometría clásica llamó sólidos platónicos. No se trata de un cubo tridimensional, sino de un diagrama que los contiene en proyección.
Estos cinco sólidos se construyen con regla y compás, aunque su trazado en el plano es complejo. La filosofía clásica los asoció con los elementos: fuego, tierra, aire, cosmos y agua. Esa asociación es simbólica, no una propiedad geométrica del poliedro.
- El tetraedro — fuego
- El cubo (hexaedro) — tierra
- El octaedro — aire
- El icosaedro — agua
- El dodecaedro — éter o cosmos

El Sri Yantra y la Merkaba
El Sri Yantra es un diagrama geométrico compuesto por nueve triángulos que se cruzan y se superponen alrededor de un punto central o bindu. Para trazarlo se emplean triángulos isósceles inscritos en círculos concéntricos, y su dibujo requiere una gran precisión con regla y compás. Cuatro triángulos apuntan hacia arriba y cinco hacia abajo; el resultado representa, en la tradición del hinduismo, la manifestación y la disolución del cosmos. Esa significación pertenece al ámbito religioso, mientras que la estructura de los triángulos es puramente matemática.
La Merkaba se dibuja a partir de dos tetraedros regulares superpuestos, uno con vértice orientado hacia arriba y otro hacia abajo. Al trasladarlo a un plano, se obtiene una estrella de seis puntas o hexagrama. En la mística judaica medieval, la Merkaba evocaba un carro o trono divino; en prácticas esotéricas posteriores se la considera un posible campo de energía. Fuera de su contexto, geométricamente es un poliedro estrellado perfectamente definible.
El Laberinto
El laberinto clásico de siete circuitos se dibuja desde un esquema sencillo que comienza con una cruz central, cuatro ángulos rectos y cuatro puntos clave, todos enmarcados en un cuadrado. Con regla y compás se trazan arcos consecutivos desde cada uno de esos puntos hasta completar los pasillos concéntricos. La figura resultante es un contorno de un solo camino que conduce al centro sin ramas ni callejones.
A diferencia de un laberinto multicursal, esta configuración unicursal no presenta bifurcaciones. En catedrales y templos de diversas culturas, el laberinto se trazaba en el suelo y se recorría como una práctica meditativa o de peregrinación simbólica. La utilidad real del patrón es matemática; su sentido ritual lo aporta la tradición.
